martes, 29 de julio de 2008

Causas y efectos

de Javier Cerced

Estaba sentado allí, en aquella mesa, tomando una cerveza con un libro abierto.
Ellos discutían en una mesa contigua, en voz baja. Ella le interrogaba a él sobre esos dichosos días que él necesitaba. Él, sentado delante de la mesa aguantaba el interrogatorio elevando de vez en cuando sus ojos hacia lo alto.
Mi libro, que trataba de las causas y efectos de las acciones, dejó de parecerme interesante. La conversación de la mesa de al lado parecía llegar a un punto muerto. Los ojos de ella se humedecieron, creí escuchar un leve sollozo.
Algo estalló dentro de mi cerebro que hizo que me levantara, aproximarme a aquella mujer, rodearla con mis brazos y besarla en los labios.
Él se levantó de un salto, alzó su puño y me atizó en el pómulo izquierdo.
Caí de espaldas, con estruendo, llevándome hacia el suelo la cerveza, el libro, la mesa y varias sillas. Cuando logré recobrarme ellos se abrazaban.
Salieron del local agarrados. Él me lanzó una última mirada amenazadora. Ella una bolita de papel que rodó por encima de la mesa y fue a caer entre mis piernas. La abrí... llámame, ponía, junto a un número de teléfono.

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