sábado, 30 de agosto de 2008

El aprendiz

de Javier Cerced

Antes sí, pero ahora ya no. Papá no me quiere. A papá, cuando le duele la cabeza no le gusta que hable tanto con Tono y un día se enfadó mucho conmigo y me lo escondió. Tono es el reloj que me regaló la yaya y que tiene forma de perrito. Tono es mi mejor amigo. Cuando estoy nervioso o enfadado me escondo en mi cuarto y me echo encima de la cama. Me quedo calladito y pongo las manos encima de mi pecho, justo al lado del corazón. Lo noto cómo corre mucho y entonces me fijo en Tono que está a mi lado. Tengo que estar en silencio para poder escucharlo bien, hace tic, tac, tic tac. Me quedo mucho rato oyéndolo y noto cómo mi corazón se quiere juntar con el suyo. Entonces empieza a ir más despacio. A mamá se lo conté un día y ella me dijo: “ya sabes que papá está enfermo y toma pastillas, tu perrito es como esas pastillas que él toma. También esas pastillas hacen que el corazón de papá vaya más despacio”.
Hoy ella no estaba en casa y cuando papá ha pedido gritando desde el suelo y con una voz muy rara que fuera deprisa a traerle esas pastillas de su dormitorio, he ido corriendo y no se las he llevado. Las he escondido.

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Anónimo dijo...

Este relato sigue siendo mi preferido. Ana