Era el día de nuestro aniversario. El restaurante estaba reservado. Los regalos comprados y a buen recaudo. Mi mujer terminándose de arreglar el pelo en la peluquería. Preparé el traje, los zapatos, la corbata y... a la camisa le faltaba un botón y en su lugar colgaba un hilo insolente. En un alarde de valentía abrí el armario donde se guarda la caja de costura. Rebusqué ente sus innumerables departamentos la aguja, el hilo y el botón correspondiente. Éste último se me resistió y tuve que emplearme a fondo. Baje al segundo piso de la caja y tampoco había ninguno parecido así que me sumergí en su sótano y fue cuando la descubrí. Había una pequeña cajita con joyas que no conocía. El nomeolvides presumía un nombre grabado que no era el mío.La cena resultó perfecta a excepción de la reprimenda que mi mujer me arrojó por haberme puesto una camisa a la que le faltaba un botón.

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