domingo, 7 de septiembre de 2008

Ella

de Javier Cerced

“Pinares de Soria” de la serie SUSPIROS de: José Antonio Andrés Vera


Sueña con ella casi todas las noches. Entra en la cama con la intención de alargar sus ensoñaciones hasta la madrugada. Se acuesta de costado, coge la almohada y se la coloca prieta entre las piernas. Con sus puños cerrados imagina cómo será. Sus líneas elegantes y su forma de moverse le atraen. Ensaya la tensión que pondrá en sus piernas y en sus brazos. La manera de cómo la tomará le produce sensación de vértigo. Ha espiado a su padre y conoce perfectamente la forma actuar. Siente que será suave, de un placer intenso, como si estuviera flotando sobre el viento. Está seguro de su éxito y de que, en adelante y durante mucho tiempo, será su compañera inseparable. Se despierta sin apenas fuerzas y con la ropa pegada al cuerpo. El día amanece perfecto y toma la decisión. Sus padres no están en casa. Hace un día soleado y tibio y su necesidad es más fuerte que su prudencia. Sale a la calle y se lanza en su búsqueda. La encuentra en el jardín, recostada sobre un carasol. Desde lejos, al verla, sabe que ese es el momento. Es consciente de que ella es más alta que él, pero también conoce cómo adaptarse. La mira con deseo y siente que ella también necesita que la gocen. Sin titubear la toma con delicadeza y la conduce hasta el bosque apartado de la casa. No quiere dejar ninguna huella que le delate. Él sabe a qué va allí y ella, a su lado, permanece sumisa. La apoya en el banco que bordea el camino. Mira a su alrededor para comprobar la ausencia de testigos cómplices de ésta, su primera experiencia. Al fin están allí, solos, ella y él, él y ella, en silencio. El miedo se hace presente y le hace dudar. Siente como flaquean sus piernas. El bosque sigue allí, esperándole. Da un paso hacia adelante. Pasa su pierna por encima de ella. Acomoda el pubis. Sus manos la agarran con firmeza. La mira fijamente, y con toda la fuerza que le da su cuerpo empuja firmemente su pié contra el pedal. La cadena trasmite su fuerza hasta la rueda trasera, escucha crepitar la gravilla bajo él y sus sueños comienzan a recorrer el camino polvoriento.




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