sábado, 4 de octubre de 2008

Un hombre pacífico

de Javier Cerced


Soy una persona tranquila, la gente me suele considerar buen padre, buen esposo, buen vecino e incluso buen ciudadano. Trabajo durante gran parte de la semana, ayudo en las tareas de la casa, acompaño a mis hijos en los estudios y los llevo al fútbol. Siempre tengo un detalle con mi esposa en los días de celebración. Los fines de semana solemos cenar en familia a eso de las diez de la noche. Una cena frugal, un poco de tele o alguna película... y a la cama. No fumo. ¿Beber? Algún vermouth de ciento a viento y siempre con tapa. Apenas tenemos vicios mayores. Pero siento que poco a poco la rutina del barrio me va convirtiendo en otra persona. Cuando las manecillas del reloj apenas acarician las tres de la madrugada me levanto de la cama a oscuras, sigilosamente. Ya hace rato que en casa todos duermen. Voy hasta la ventana del salón, la que hay justo delante del Pub. Bajo la persiana hasta que sólo queda una rendija de un par de dedos y corro convenientemente las cortinas. Levanto el asiento del sofá, de esos que tienen un cajón debajo para aprovechar el espacio, abro el armario metálico que se esconde en su interior y saco mi rifle de caza con mira telescópica, el que llevo para el jabalí. Lo apoyo en el alfeizar, en el misma rendija que he dejado abierta. Mi mejilla derecha presiona sobre la culata, ajusto la mira y me pongo en posición de tiro con el dedo acariciando el gatillo. De la fachada oscura de mi casa apenas asoma la punta del arma y mi vista escrutando a través de la mira telescópica las cabezas de esos imbéciles que con dos tragos más de lo que soportan sus razonamientos, vocean y golpean los cubos de basura como si fueran sacos de ring, sin ningún respeto al descanso ajeno. Cuando ya tengo a uno de ellos enfilado, sujeto firmemente el rifle, respiro profundamente y... Sólo me detiene de terminar de apretar el gatillo pensar que dentro de no mucho tiempo, alguno de esos imbéciles podría ser uno de mis hijos.

2 Comentarios ¿Quieres hacer el tuyo?:

Ana dijo...

ja ja. Yo he sentido algo parecido, con el camión de la basura, o la moto destartalada que petardea en verano a altas horas de la noche.

Besos

Ana

PHAROS dijo...

SOMOS LO QUE SOMOS O LO QUE QUEREMOS SER O UNA IMAGEN PROYECTADA POR OTROS O POR NOSOTROS MISMO
ME HA GUSTADO SOBRE TODO EL FINAL UNO DE ELLOS PUEDE SER MI HIJO GENIAL