Entonces me quedo en silencio con el auricular apretado al oído, sin decir nada, sin pensar en nada, sin apenas respirar.
“Si quieres algo...” me dices. Claro que quiero, pero cómo voy a decírselo al aparato ese. Cómo voy a decirle al aparato ese que te necesito, que necesito escuchar tu voz, que necesito aspirar ese perfume que me huele a moras y enredar tus cabellos en mis dedos. Cómo puedo decirle que no puedo dormir por las noches y que todavía lo intento en el lado izquierdo de la cama para conservar intacto el hueco que dejaste en el otro lado la última vez que dormiste conmigo. Cómo puedo decirle, a ese frío aparato, que te amo.
“Si quieres algo...” Cómo no voy a quererlo. Nada hay nada más seguro que saber lo que yo más quiero: Pasear cogidos de la mano entablando esas conversaciones tan cómplices que sólo nosotros podíamos llevar, sólo con nuestras miradas, sólo con nuestros deseos. Interrumpir a las personas que circulan por la acera con esos besos descarados destrozándonos los labios. Tentar con la mano a mi lado cuando todavía aún no me he despertado y encontrarte y sabe que sigues ahí, a mi lado.
Por eso, tras oír tu mensaje al otro extremo del teléfono aguardo silencioso; esperando siempre que se corte y aparezca tu voz y me diga, “cariño, ¿eres tú?”. Pero eso no sucede nunca y yo sigo esperando cada vez que suena el pitido y seguiré llamando y escuchando tu voz fresca y alegre, hasta que la compañía de teléfonos suprima esa línea o alguien conteste al otro lado diciendo “se ha equivocado de número, aquí no vive...” y yo asuma que te perdí para siempre aquella tarde de lluvia, cuando atravesabas la calle llena de coches, con tu paraguas estampado y tu sonrisa impermeable.

2 Comentarios ¿Quieres hacer el tuyo?:
me gusta es muy real beso
Me alegra que te guste. Un beso.
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