de Javier Cerced
Hace mucho que no sé de ti. Sí, sé que vives, que comes, que duermes y poco más. Ninguna indicación que me haga pensar que estás a gusto, que todo va bien o que me echas en falta un poquito. ¿Recuerdas cuando hace años tenía que reñirte porque no dejabas de hablar, de contar historias de tu pueblo, de sus seres mágicos y graciosos? Ahora has enmudecido, no sé adonde te has marchado. Seguro que resides escondido en algún lugar lejano de esos que aparecían en tus relatos. Mientras, yo me paso los días esperando alguna señal tuya sabiendo que cada día que termina es más difícil que me indiques algo, que me hables o simplemente que me sonrías. Me siento ahí, a tu lado, junto a tu mano... y espero. Miro tu cara inexpresiva y pido a Dios que por donde quiera que camine tu mente te lleve a un lugar feliz en compañía de tus ciervas blancas, cocones, brujas, y arcos de colores encantados.
Hace mucho que no sé de ti. Sí, sé que vives, que comes, que duermes y poco más. Ninguna indicación que me haga pensar que estás a gusto, que todo va bien o que me echas en falta un poquito. ¿Recuerdas cuando hace años tenía que reñirte porque no dejabas de hablar, de contar historias de tu pueblo, de sus seres mágicos y graciosos? Ahora has enmudecido, no sé adonde te has marchado. Seguro que resides escondido en algún lugar lejano de esos que aparecían en tus relatos. Mientras, yo me paso los días esperando alguna señal tuya sabiendo que cada día que termina es más difícil que me indiques algo, que me hables o simplemente que me sonrías. Me siento ahí, a tu lado, junto a tu mano... y espero. Miro tu cara inexpresiva y pido a Dios que por donde quiera que camine tu mente te lleve a un lugar feliz en compañía de tus ciervas blancas, cocones, brujas, y arcos de colores encantados.

2 Comentarios ¿Quieres hacer el tuyo?:
precioso
Muy bonito y cargado de melancolía.
Publicar un comentario en la entrada