Antonia, cierra los ojos. Comienza prestando atención a tu respiración, observa como se produce... obsérvala sin modificarla en absoluto, contactas con tu interior y lo percibes en calma... tu respiración es tranquila... el rítmico vaivén del movimiento respiratorio se sucede lentamente... sin que intervengas para nada, la respiración... se vuelve por si misma... lenta... apacible... tranquila.
Tu cuerpo permanece inmóvil... tranquilo... sin preocupaciones... sin temores... dispuesto a descansar... relajándose.
Deja descansar tu cuerpo sobre el diván, imagina que es una alfombra mágica sobre la que reposas... te lleva hacia un viaje interior... percibe tu cuerpo reposando y sientes como descansas más y más... prepárate para realizar un ejercicio de relajación que te va a proporcionar calma, paz interior, un descanso más intenso, y más alegría.
Tu alfombra te lleva a un lugar en medio de la naturaleza, estás de vacaciones, es un espacio tan encantador como puedas llegar a imaginar, sientes el sol con su brillo majestuoso, el aire lleno de fragancias que proceden de unos arbustos próximos, un aroma vital te envuelve... ha desaparecido el olor a alcohol... te encuentras rodeada de energías sutiles, prodigiosas, te embarga una sensación de placidez, de calma...
Respiras y te llenas de alegría, te sientes en calma y plena de energía, de tranquilidad y de paz, con cada respiración te relajas más y más.
Un riachuelo cercano te permite escuchar los mil sonidos del agua y sus ritmos entrelazados que brotan al surcar las piedras por donde discurre tranquilamente, un poco más allá hay un remanso sereno y poco profundo bañado por el sol, vas hacia él y te sumerges en el agua... tu cuerpo bajo el sol se llena de energía... sumergido en el agua se dulcifica... el sol te acaricia y te regala su energía... te la entrega directamente y tú la tomas... el agua te libera de dolores... de tensiones... y actúa como un filtro que extrae los malos recuerdos, te limpia y te libera... eres libre Antonia.
El remanso es tu casa, ahora ya no hay nadie que te amenace... tu corazón está en calma, no oyes gritos... ni golpes... tus hijos están a tu lado, sin miedos... todo es armonía en tu hogar.
Tus manos son cálidas... frotas una con la otra y se advierte su suavidad... su delicadeza. Tus ojos están alegres... limpios... han desaparecido los moratones. Tu fuerza interior... te mantiene unos segundos así, explorando tu personal estado de calma y percibes como la calma es pura energía... descanso... y te llenas de alegría.
El tiempo se detiene para ti y disfrutas plenamente de ese estado en el que te encuentras.
Te preparas para abandonar el ejercicio, conservando todos los beneficios que te proporciona, contaremos lentamente de uno a tres y al llegar a tres, abrirás y cerraras lentamente las manos, tomando conciencia de las sensaciones que provienen de las pequeñas articulaciones de los dedos, tomarás aire con más alegría y abrirás los ojos, sintiendo un gran descanso y con tu cuerpo lleno de energía.
1... 2... 3...
Mueve muy despacio tus manos y abre los ojos... lentamente.
Mueve tus manos y ve abriendo los ojos.
Antonia, hemos acabado, abandona ese estado donde te encuentras, mueve las manos y abre los ojos.
Antonia, ¿qué te ocurre? Abre los ojos.
Antonia respira por favor.
¡Que alguien llame a una ambulancia! Antonia vuelve, por favor.
¡Antonia...!
Tu cuerpo permanece inmóvil... tranquilo... sin preocupaciones... sin temores... dispuesto a descansar... relajándose.
Deja descansar tu cuerpo sobre el diván, imagina que es una alfombra mágica sobre la que reposas... te lleva hacia un viaje interior... percibe tu cuerpo reposando y sientes como descansas más y más... prepárate para realizar un ejercicio de relajación que te va a proporcionar calma, paz interior, un descanso más intenso, y más alegría.
Tu alfombra te lleva a un lugar en medio de la naturaleza, estás de vacaciones, es un espacio tan encantador como puedas llegar a imaginar, sientes el sol con su brillo majestuoso, el aire lleno de fragancias que proceden de unos arbustos próximos, un aroma vital te envuelve... ha desaparecido el olor a alcohol... te encuentras rodeada de energías sutiles, prodigiosas, te embarga una sensación de placidez, de calma...
Respiras y te llenas de alegría, te sientes en calma y plena de energía, de tranquilidad y de paz, con cada respiración te relajas más y más.
Un riachuelo cercano te permite escuchar los mil sonidos del agua y sus ritmos entrelazados que brotan al surcar las piedras por donde discurre tranquilamente, un poco más allá hay un remanso sereno y poco profundo bañado por el sol, vas hacia él y te sumerges en el agua... tu cuerpo bajo el sol se llena de energía... sumergido en el agua se dulcifica... el sol te acaricia y te regala su energía... te la entrega directamente y tú la tomas... el agua te libera de dolores... de tensiones... y actúa como un filtro que extrae los malos recuerdos, te limpia y te libera... eres libre Antonia.
El remanso es tu casa, ahora ya no hay nadie que te amenace... tu corazón está en calma, no oyes gritos... ni golpes... tus hijos están a tu lado, sin miedos... todo es armonía en tu hogar.
Tus manos son cálidas... frotas una con la otra y se advierte su suavidad... su delicadeza. Tus ojos están alegres... limpios... han desaparecido los moratones. Tu fuerza interior... te mantiene unos segundos así, explorando tu personal estado de calma y percibes como la calma es pura energía... descanso... y te llenas de alegría.
El tiempo se detiene para ti y disfrutas plenamente de ese estado en el que te encuentras.
Te preparas para abandonar el ejercicio, conservando todos los beneficios que te proporciona, contaremos lentamente de uno a tres y al llegar a tres, abrirás y cerraras lentamente las manos, tomando conciencia de las sensaciones que provienen de las pequeñas articulaciones de los dedos, tomarás aire con más alegría y abrirás los ojos, sintiendo un gran descanso y con tu cuerpo lleno de energía.
1... 2... 3...
Mueve muy despacio tus manos y abre los ojos... lentamente.
Mueve tus manos y ve abriendo los ojos.
Antonia, hemos acabado, abandona ese estado donde te encuentras, mueve las manos y abre los ojos.
Antonia, ¿qué te ocurre? Abre los ojos.
Antonia respira por favor.
¡Que alguien llame a una ambulancia! Antonia vuelve, por favor.
¡Antonia...!

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